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Marco conceptual

Entender el coaching deportivo es reconocer que el deporte de alto rendimiento no se basa en entrenar más, en ser un portento físico o en simplemente “echarle ganas”, es un proceso holístico que busca entrenar mejor en todas las facetas que conforman la persona del deportista.

El deporte, y más el de alta competición, es un entorno complejo, altamente competitivo, donde se mezclan exigencias físicas, mentales, emocionales, económicas y mediáticas. En ese contexto, el coaching deportivo aparece como un proceso estructurado para acompañar a los deportistas, entrenadores y equipos en su desarrollo integral, de manera que puedan optimizar su rendimiento deportivo sin perder el foco en la persona. Se busca descubrir y fomentar el potencial que cada uno tiene dentro para poder enfocarlo en unos resultados tangibles.

Si realizamos esos cambios de paradigma acompañando al deportista, los resultados llegarán al final como consecuencia del proceso, no siendo el foco inicial el resultado, el objetivo en sí es descubrir, entender e interiorizar el proceso.

¿Qué es el coaching deportivo?

El coaching es una disciplina profesional que ayuda a las personas a obtener resultados por sí mismas, aprendiendo a utilizar mejor sus propios recursos a través de un proceso que incluye preguntas, reflexiones, ejercicios y un plan de acción. El coach no decide por el cliente ni le da consejos mágicos, actúa como un espejo para que el coachee identifique sus áreas de mejora y sus objetivos, y diseñen juntos el propio plan de desarrollo del coachee.

Cuando ese enfoque se traslada al deporte, el coaching deportivo se define como un proceso profesional que ayuda a concretar un desarrollo integral del individuo orientado a optimizar su rendimiento deportivo y personal. También puede utilizarse en un proceso para un equipo o para un entrenador de un deporte, pero la base de la que partimos es esencialmente la misma.

No solo se trabaja la técnica o la táctica, sino también la motivación, la confianza, la gestión del estrés, la toma de decisiones y la manera de relacionarse con el entorno. El foco no está únicamente en “ganar” o conseguir “resultados”, sino en desarrollar competencias que permitan a la persona rendir más y mejor de manera consistente a lo largo del tiempo.

El modelo base

El coaching deportivo nace precisamente porque en el mundo deportivo ya no basta con que el entrenador “mande” y el deportista “obedezca”. El contexto deportivo en todos los niveles es tan complejo que se necesita que el propio deportista asuma la responsabilidad en su desarrollo, se conozca mejor y aprenda a tomar decisiones con autonomía.

Ese cambio de paradigma se traslada sobre todo a cómo se definen los objetivos del proceso, los cuales son construidos acompañando al deportista, conectados con sus valores y trabajados con una metodología clara que permita traducirlos en acciones concretas cuyo progreso sea cuantificable.

En cualquier proceso de coaching la responsabilidad es eminentemente del coachee, él es el único que puede hacer o no hacer en pos de alcanzar sus objetivos.

Coach, principios y ética

Un coach utiliza metodologías específicas para que el coachee logre metas concretas. Sus funciones principales son clarificar objetivos, identificar bloqueos, diseñar junto al coachee el plan de acción y acompañarlo para mantener la responsabilidad del proceso.

El proceso de coaching es un acuerdo mutuo entre coach y coachee, sustentado en principios ético-profesionales para lograr unos objetivos previamente definidos.

Los principios clave son:

  • Confidencialidad: Lo que se trabaja en las sesiones no se comparte sin previo conocimiento y consentimiento del coachee, incluso cuando el cliente final sea un equipo, club o federación, pero la intervención sea con un deportista individual.
  • Respeto a la autonomía: El deportista es creador y ejecutor de sus decisiones. El coach nunca ordena, manipula ni impone, solo facilita herramientas para que el coachee pueda lograr sus objetivos.
  • Sin juicio responsable: Se usan preguntas y feedback para que el coachee encuentre sus respuestas, pero sin renunciar a confrontar creencias irracionales o conductas que vayan en contra de su objetivo o de su salud e integridad.
  • Competencia profesional: El coach conoce sus límites de formación y debe derivar al coachee cuando la situación exige intervención clínica o de otro profesional.
  • Gestión de conflictos de interés: Se presta especial cuidado cuando club, equipo, entrenadores, directivos, agentes, familiares y deportistas tienen intereses distintos. El coach ha de dejar claro a quién sirve el proceso y bajo qué condiciones.
  • Respeto y dignidad: Tratar al coachee como adulto responsable de su aprendizaje. En caso de que el coachee sea menor, tratarlo en corresponsabilización con sus tutores legales.

Sin este marco ético y de valores claro, el coaching deportivo corre el riesgo de convertirse en una herramienta de presión más hacia el deportista y no en un espacio de desarrollo integral como persona, que es lo que realmente busca el proceso.

Coachee, responsabilidades y compromiso

El coachee es la persona que recibe el proceso de coaching: deportista, entrenador o equipo. El coachee no es un sujeto pasivo, sino un actor principal con responsabilidades concretas.

Entre ellas destacan:

  • Mantener una relación sincera y abierta con el coach.
  • Identificar con honestidad sus áreas de mejora.
  • Diseñar y visualizar sus metas deportivas y personales.
  • Asistir a las sesiones acordadas y cumplir las tareas del plan de acción.
  • Esforzarse en encontrar soluciones y recursos propios para reducir la diferencia entre su situación actual y la deseada.
  • Hablar directa y sinceramente con el coach cuando aparezcan resistencias, conflictos o dificultades, tanto internas como externas, que puedan afectar al proceso.

El éxito del proceso no depende únicamente de la capacitación del coach, sino también, y de manera crucial, del grado de implicación y compromiso del coachee.

Orientación a resultados

Es una de las competencias fundamentales del coach deportivo.

  • Definir claramente qué resultados son relevantes: marcas, clasificaciones, consistencia en la ejecución, indicadores de equipo e individuales.
  • Traducir esos resultados en objetivos de proceso y de ejecución: qué tiene que pasar en los entrenamientos y en la competición para que el resultado sea posible.
  • Medir el progreso con indicadores acordados, por ejemplo: número de acciones de riesgo, porcentaje de ejecuciones bajo presión, cumplimiento del plan de activación precompetitiva y del plan de relajación postcompetitiva.
  • Revisar periódicamente la diferencia entre la situación actual y la deseada, ajustando en consecuencia el plan de acción.

La orientación a resultados, bien entendida, no significa obsesionarse con el éxito competitivo, sino asegurar que todo el proceso —los objetivos acordados, la ética, el rol activo del coachee, la adaptación a su estilo de aprendizaje, el uso de la metodología adecuada, las técnicas de activación/relajación, las técnicas de respiración y las competencias del coach— esté alineado con lo que el deportista y/o el equipo quieren lograr en la competición, la temporada o en una prueba deportiva concreta.

¿Puedo garantizarte los resultados?

Ni yo ni nadie podrá garantizarte unos resultados, dado que esto es un trabajo que depende totalmente de tu dedicación y nivel de compromiso. Lo que sí puedo asegurarte es que podemos definir juntos un objetivo realista, un plan adecuado a tus necesidades y un periodo temporal de implantación donde tú mismo comprobarás tu evolución. Tu éxito es mi misión.

¿Cómo es la primera sesión conmigo?

El inicio será presentarnos y conocernos con sinceridad y honestidad. Te haré una serie de preguntas para tratar de hacer una composición de lugar y conocer cuál es el motivo principal que te ha traído hasta aquí, desde dónde empezar, y hablaremos de cómo está tu vida actualmente, así como de la relación con el deporte que practicas. Dejaré un espacio al final para resolver tus dudas.

¿Las sesiones son online o presenciales?

Si tienes posibilidad de vernos en persona, las sesiones son más personales, pero hacerlas online tiene la ventaja de que podemos realizarlas desde cualquier lugar y, además, las grabamos para que puedas disponer de ellas para su revisión y posterior análisis.

¿Cómo son las sesiones y cada cuánto tiempo nos veremos?

Independientemente de la modalidad, online o presencial, la duración de una sesión es de 50 minutos. Normalmente nos veremos cada 15 días, pero dependiendo del plan, esa frecuencia puede reducirse o ampliarse según los acuerdos a los que lleguemos.

¿Puedo contratar este servicio si no vivo en España?

Sí, por supuesto, puedes contratar este servicio estés donde estés. Lo único es que tendremos que coordinarnos si estamos en distintos husos horarios.

¿Es necesario ser deportista profesional para iniciar este proceso?

No, en absoluto. Cualquier deportista, de la edad y nivel que sea, puede iniciar este proceso. Recuerda que trabajamos el trasfondo del deportista, la persona. Así que puedes beneficiarte de este proceso en otros ámbitos de tu vida, como el personal, profesional o académico.